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«No son los acontecimientos los que nos trastornan, sino nuestro juicio respecto a los acontecimientos.
Lo sensato, lo razonable, lo económico, lo prudente, lo inteligente… es sentirse discapacitado, para algo o para alguien (Santiago y Silberio). Hay personas con discapacidad pero no personas incapaces (Amaltea)». - De viaje hacia la sexología
De entrada queremos hacer una consideración acerca del poder de la palabra. No hay duda de que la palabra encierra un extraño poder, incluso puede llegar a condicionar el propio mensaje. La Organización Mundial de la Salud publicó en 1980 su Clasificación Internacional de Deficiencias, Discapacidades y Minusvalías: Deficiencia: es toda pérdida o anormalidad de una estructura o función psicológica, fisiológica o anatómica; las funciones fisiológicas incluyen las funciones mentales; sería el síntoma (ej: daño cerebral por hipoxia fetal). Discapacidad: es toda restricción o ausencia funcional de lo considerado como normal, y a causa de una deficiencia; (ej: dificultad motora para andar). Minusvalía: indica la desventaja social de un individuo para desempeñar su rol, a consecuencia de una discapacidad o deficiencia; (ej: a causa de esa parálisis cerebral esa persona no puede saltar o practicar deporte de forma habitual). Discapacidad: es un término genérico que incluye déficits, limitaciones en la actividad y restricciones en la participación. Indica los aspectos negativos de la interacción entre un individuo con una condición de salud y sus factores contextuales. Hablaremos, en definitiva, no de minusválidos, no de discapacitados, no de paralíticos cerebrales, que sería decir todo y no decir nada. Hablaremos de personas con parálisis cerebral, de personas con discapacidad, resaltando la importancia del sustantivo persona y haciendo de la parálisis una coyuntura más. Descargar pdf completo.
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