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La Agresividad Maculina. Reflexiones para pevenir la violencia. PDF Imprimir E-Mail
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Introducción


Este artículo está escrito desde la Asesoría sexológica. Aunque lo venimos indicado de forma reiterada en números anteriores de esta misma publicación, recordamos que sexo es la diferencia (de «sexare»: separar) que distingue y clasifica a las personas en hombres y mujeres. Para nosotros esa diferencia es un valor; y más que preocuparnos por la igualdad, nos interesa ver en qué, cómo y por qué somos diferentes. Eso sí, una cosa es la diferencia y otra la discriminación.

En ocasiones, y aunque entendemos los motivos, por temor a esa discriminación, se tiene la reacción automática de negar, o al menos restar relevancia, a toda diferencia entre hombres y mujeres.


Así mismo, somos conscientes de que últimamente (por tanto no siempre, sino solamente como hecho reciente) sexo se considera «conducta erótica»; pero esto es sólo una metonimia (tomar una parte por el todo), una reducción de un fenómeno mucho amplio, rico y complejo que es el hecho de ser hombre y mujer.

Como estamos partiendo de la diferencia sexuada, entre hombre y mujer; nuestro análisis de la violencia parte justamente de esa premisa. No es lo mismo ser hombre o ser mujer a la hora de enfrentar, percibir o asimilar determinadas emociones humanas. Los resultados serán diferentes en unos y en otras.

Y más allá de la reducción demagógica del panorama, en malos y buenas, en verdugos y víctimas; queremos ofrecer unas líneas de reflexión para que los jóvenes pueden «pensar» con más calma y con menos ideas prefijadas, en un tema tan encendido y delicado como la violencia; últimamente llamada doméstica, de género, contra las mujeres, etc.. (en función de quien se refiera a ello).

Además va dirigido sobre todo a los varones, para «ayudarles» a conocerse, aceptarse y en último punto, gestionarse. Para que sus circunstancias no desemboquen en situaciones violentas. Este es nuestro objetivo último; pero para hablar de la prevención de la violencia (algo socialmente deseable) debemos analizar primero una dimensión humana que es la agresividad; algo en ocasiones «negado» o «denostado»; pero que no por ello dejara de existir.

Hablemos pues de agresividad, antes de hablar de violencia.

 

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