Con los Adolescentes… ¡Ni hablar! Parte I.

Autora: ESTEFANÍA SÁEZ SESMA.

Tween son in headphones looks at the digital tablet display while his father yells at him through a megaphone
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Seguro que si es padre o madre de un adolescente, le asalta la duda de si estará educando de forma correcta a sus hijos.

Si centramos esa pregunta, en si cree que está educando sexualmente de un modo adecuado a su hijo o hija, probablemente la duda se convierta en una relativa sensación de inquietud y cierto agobio.

Si es así… ¡Bienvenido al mundo real! No solo le entendemos, sino que vamos a intentar ayudarle.

Si hay una demanda que se repite como una constante en nuestros encuentros con las familias es la dificultad que los padres perciben para mantener una comunicación fluida con sus hijos adolescentes. Nosotros en concreto, nos referiremos al diálogo sobre sexualidad.

Y tal y como hemos prometido, analizaremos este asunto con calma, pero de un modo práctico. Adéntrate con nosotros en este artículo para comprobar que fomentar la comunicación familiar es más sencillo de lo que puede parecer….

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Es admirable querer mejorar las pautas educativas recibidas, como mejor legado  a nuestros hijos. Los padres y madres que hoy tenemos 40 o 50 años, conformamos en su día la generación de la oreja: cuando éramos adolescentes tuvimos una gran carencia informativa y poníamos la oreja donde podíamos y como podíamos. Hoy, en cambio, nos hemos transformado, a nuestro pesar, en la generación del silencio: nuestros padres no han hablado con nosotros, y ahora nuestros hijos tampoco quieren hablar…y al final: nadie habló ni habla con nosotros.

En numerosas ocasiones los padres expresan que pese a sus intentos por establecer un dialogo natural y fluido con sus hijos, no son capaces de conseguirlo. Esos niños comunicativos y risueños que eran ayer, son hoy adolescentes que rechazan hablar, que responden con monosílabos, que se encierran en su habitación como su castillo infranqueable….

¿A qué responde esta situación percibida de silencio?

Socialmente nos movemos con discursos estéticos y frases grandilocuentes:

  • “Los padres y los hijos deben hablar de sexualidad de un modo fluido y espontáneo
  • “Una buena familia es aquella que habla constantemente de todos los temas

Pero en realidad todo es un poco más complejo. Por una parte, nosotros como padres queremos hablar. Por otra, nuestros hijos reconocen que no hablan con nosotros; aunque admiten que las relaciones familiares son en general satisfactorias. De hecho, según nos cuentan, también les gustaría tener un diálogo más fluido. Entonces… ¿Qué está dificultando este deseo compartido de comunicación?

Como casi siempre, detrás de esa pregunta, hay varias respuestas.

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    Sobre los hijos.
    Debemos entender que la adolescencia responde a la lógica del silencio. Los cambios corporales, la evolución psicológica y sus deseos de actuar y vivir de forma autónoma les llevan a vivir muchos aspectos vitales con privacidad. Sus cuerpos cambian a un ritmo vertiginoso. A ellos mismos les cuesta reconocerse y aceptarse en sus nuevos “envoltorios”. No es de extrañar, que algunos ya no se muestran en situaciones cotidianas, en la que antes no había problemas (verlos desnudos en el baño, …). Como en toda reforma, hasta que las obras no acaban, las visitas siempre son incómodas. Además la adolescencia es un momento vital donde se buscan respuestas de preguntas trascendentales: ¿quién soy yo? ¿qué me gusta? ¿qué deseo? Y la búsqueda a estas respuestas también les invita al recogimiento. Y esto sólo, como un pequeño muestrario de dos ejemplos.
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    Sobre los padres.
    Al no tener referentes (acertados o equivocados) de generaciones anteriores, este diálogo genera miedos de distintos tipos. Miedo a equivocarnos (¿y si no tengo la información correcta?), miedo a “pasarnos” con la información que les damos (¿y si le digo más de lo que necesita saber?), miedo a no estar a la altura (¿y si cree que no le sirvo para resolver sus dudas?), miedo a precipitar “cosas” (¿y si cree que por decirle esto le estoy animando a que haga cosas?),…
    Estos temores provocan en muchas ocasiones inacción e inmovilismo (casi mejor que no hago nada y me centro en observarlo desde la distancia) pero sobre todo cierto nivel de angustia por el desconocimiento de lo que sus hijos piensan y necesitan realmente. De nuevo, esto es solo otro pequeño muestrario de los vaivenes maternales y paternales.


¿Es posible superar este “muro de hormigón” y salir de este callejón en el que parece que todos nos sentimos atrapados?

La respuesta es afirmativa, pero para ello se hace necesario un cambio de criterio. ;Y para ellos vamos a proponer un cambio en el destino del viaje, un viraje a nuestros planteamientos iniciales de ese utópico y deseado diálogo.

El diálogo fluido, natural y espontáneo, como patrón de calidad, debe modificarse hacia un planteamiento más realista que permita vencer las dificultades comunicativas de los adolescentes.

Muchas horas de vuelo con adolescentes y sus familias, nos hace ver que hemos pasado de la represión y el silencio, como modo de educación en generaciones anteriores, al intento de mantener un diálogo fluido con los adolescentes. Todo esto, visto con cierta perspectiva, nos indica que hemos viajado en un movimiento pendular: del silencio y el inmovilismo al extremo contrario: la propuesta del diálogo cómo patrón de medida de la calidad educativa en la familia.

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Los adolescentes no son adultos, y aunque esto pueda parecer una obviedad, no pueden responder satisfactoriamente al diálogo fluido y sereno que tenemos los adolescentes como criterio de calidad comunicativa. Tienen sus propias características evolutivas, y a ellas debemos atender para así conseguir nuestro objetivo: educar y atender a la Sexualidad de nuestros hijos.

Pero este convulso e indefinido contexto adolescente, no nos puede hacer desfallecer o acabar concluyendo que no podemos hacer nada (“claro, como él no habla…pues yo me callo”). La idea es conseguir las herramientas, los instrumentos que nos permitan derribar ese muro que va creciendo entre padres e hijos. Necesitaremos “actitud-martillo”, que tal vez no consiga el efecto deseado en un solo golpe, pero que, sumado a otros muchos, podrá tener un resultado efectivo.

Como padres, sabemos que educar implica ser reiterativo, repetir y repetir una y otra vez los discursos, los ejemplos,… Una buena educación no se alimenta de intervenciones puntuales y anecdóticas (por muy maravillosas que sean), sino que implica un sumatorio cotidiano de acciones, diálogos, ejemplos,… La educación debe basarse en la cotidianeidad, en la normalidad, en el día a día,…no en las excepciones.

Del mismo modo, no será suficiente un solo artículo en nuestro blog, habrá que perseverar.

En nuestro próximo post, desarrollaremos algunas de las claves que nos permitan hacer realidad  este deseo de mejora de comunicación desde planteamientos realistas y basados en la cotidianeidad. Con ejemplos concretos y  “trucos” sencillos.

Puedes seguir escuchando a Estefanía en Aragón Radio…

Y ya están a tu disposición los post II y III de la colección. ¡No te los pierdas!

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